
Por soledad, por depresión, por tristeza, hasta por alegría el alcohol se encuentra siempre en la vida de las personas. Adriana y yo nos sentamos a analizar los posibles escenarios donde se encuentra este “elixir” y lo encontramos en: todas las fiestas (cumpleaños, bodas, navidad, fin de año, graduaciones) después de
e la poca fuerza de voluntad, las pocas ganas de vivir, la falta de amor, la soledad, el engaño, la mentira, la frustración.
Justificamos al alcoholismo como una adicción o enfermedad pero nosotras creemos que no es así. Hemos visto como el alcohol nos acompaña en todas las celebraciones hasta cuando no hay nada que celebrar ahí esta. Entonces generamos una hipótesis al respecto: ¿Será el alcoholismo una conducta aprendida?
“Los niños son como esponjas”, es lo que dice la vox populi, además la ciencia nos ha demostrado que el ser humano aprende de las acciones que otros realizan. Para nosotras si un niño ve desde pequeño que para todo existe alcohol y además con un factor agravante como un padre alcohólico o una mujer agredida muy probablemente toda su frustración será canalizada a través del alcohol.
Otras más han quedado en silla de ruedas, sin piernas, sin brazos, quemados y totalmente descorazonados, impotentes y frustrados de ver como las autoridades de nuestra “Suiza Centroamericana” no mueven ni un dedo por disminuir el alto índice de conductores ebrios al volante.
Nos sentimos asqueadas, frustradas, impotentes y fúricas; más aún rabiosas al no poder entender por que nadie hace nada por detener esta lamentable situación. Para nosotras es un crimen doble, de quienes están sentados frente a la botella y frente al volante y desean en ambas formas suicidarse y de quienes, sin culpa, se topan con la hoz de la muerte en forma de alcohol.
¿Qué se necesita para que ésta masacre vial termine?


