sábado, julio 19, 2008

Alcohol al volante, peligro constante!!



El alcohol consume el alma y el cuerpo de quien lo ingiere, trae dolor y soledad a cientos de familias que sufren sus estragos.



Por soledad, por depresión, por tristeza, hasta por alegría el alcohol se encuentra siempre en la vida de las personas. Adriana y yo nos sentamos a analizar los posibles escenarios donde se encuentra este “elixir” y lo encontramos en: todas las fiestas (cumpleaños, bodas, navidad, fin de año, graduaciones) después de la U, en la playa y por supuesto en la carretera.

Nos embarga una gran tristeza al ver como cientos de vidas se apagan por culpa d
e la poca fuerza de voluntad, las pocas ganas de vivir, la falta de amor, la soledad, el engaño, la mentira, la frustración.


Justificamos al alcoholismo como una adicción o enfermedad pero nosotras creemos que no es así. Hemos visto como el alcohol nos acompaña en todas las celebraciones hasta cuando no hay nada que celebrar ahí esta. Entonces generamos una hipótesis al respecto: ¿Será el alcoholismo una conducta aprendida?



“Los niños son como esponjas”, es lo que dice la vox populi, además la ciencia nos ha demostrado que el ser humano aprende de las acciones que otros realizan. Para nosotras si un niño ve desde pequeño que para todo existe alcohol y además con un factor agravante como un padre alcohólico o una mujer agredida muy probablemente toda su frustración será canalizada a través del alcohol.

Los chicos crecen y se hacen adultos pero muchos adultos siguen siendo niños y no logran vislumbrar la consecuencia de sus actos. Al tomar un volante alcoholizado estamos firmando personalmente el acto de defunción y lo peor de todo es que para muchos es muy divertido.

Pero la diversión se apaga cuando por una decisión irracional, tenemos un accidente e involucramos a terceros en nuestro propio infierno. Cientos de vidas han desaparecido.

Otras más han quedado en silla de ruedas, sin piernas, sin brazos, quemados y totalmente descorazonados, impotentes y frustrados de ver como las autoridades de nuestra “Suiza Centroamericana” no mueven ni un dedo por disminuir el alto índice de conductores ebrios al volante.

Nos sentimos asqueadas, frustradas, impotentes y fúricas; más aún rabiosas al no poder entender por que nadie hace nada por detener esta lamentable situación. Para nosotras es un crimen doble, de quienes están sentados frente a la botella y frente al volante y desean en ambas formas suicidarse y de quienes, sin culpa, se topan con la hoz de la muerte en forma de alcohol.




¿Qué se necesita para que ésta masacre vial termine?






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